lunes, 8 de septiembre de 2014

Después de todo

 Te escribo, no para que me perdones, no para justificarme, sino para contarte mi parte de la historia. No es fácil, pero necesito que entiendas como me siento.
 Me enamoré, tal vez de los recuerdos, del pasado, de lo que fuiste y del amor que sentías.
 Te extrañe, como nunca antes había extrañado a nadie, tus besos, tus abrazos. Te necesitaba, pero de eso me dí cuenta tarde. Porque nunca deje de quererte y sabia que, por mas que me doliera tenerte lejos,  no podía volver a hablarte, a verte, a besarte y eso lo merecía.
 Cuando pienso en lo que hice no puedo evitar que mis ojos se llenen de lagrimas. ¿Cómo pude ser tan idiota? Tenia todo lo que siempre había deseado; alguien que me quería de verdad, que me aceptaba por como era realmente y así le gustaba.
 La realidad era que seguía enamorada de vos y no pude seguir esperando y sufriendo en silencio por mucho tiempo más.
 Temprano terminaba una noche de sábado con amigos, eran las 3 de la mañana y yo estaba en un remís con rumbo a la casa de una amiga. Embebida en tequila, no se me ocurrió mejor idea que hablarte, hice lo que sentía. Pero no medí las consecuencias de que podría pasar a la mañana siguiente.
 Si me decías que te dejara en paz, lo hubiera hecho, tenias todo el derecho de pedírmelo. Pero después de todo, me diste otra oportunidad y trato de no desperdiciarla.
 Ahora no puedo dejar de pensar en esos hermosos ojos azules, que cuando se posan sobre mi, enrojecen mis mejillas y no te das un idea las ganas que me dan de besarte.
 Todavía no logro entender por qué arruine todo, tal vez nunca lo haga.


No hay comentarios:

Publicar un comentario